Igualdad retributiva en la empresa: cómo convertir la obligación legal en ventaja competitiva.

Guía práctica para gestionar la igualdad retributiva en tu empresa. Aprende a auditar procesos de selección, crear registros salariales transparentes y transformar el cumplimiento normativo en cultura organizacional.
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La igualdad retributiva ha dejado de ser un trámite administrativo para convertirse en un indicador de salud organizacional. Las empresas que integran la equidad salarial en su estrategia no solo evitan sanciones de hasta 187.515€, sino que retienen mejor el talento, mejoran su reputación y toman decisiones más diversas en sus órganos de dirección.

En esta guía práctica desglosamos cómo pasar del compromiso teórico a la acción: desde blindar los procesos de selección contra sesgos inconscientes hasta implementar sistemas de valoración de puestos que garanticen el principio de «a igual valor, igual retribución».


Ideas clave del artículo

  • El talento no tiene género, pero los procesos de selección sí tienen sesgos. Ofertas con lenguaje masculinizado, entrevistas sin criterios estandarizados o canales de reclutamiento que llegan solo a ciertos perfiles distorsionan la muestra de candidatos antes de que empiece la evaluación.
  • La brecha salarial no siempre está en el sueldo base. Los complementos voluntarios, los bonus por disponibilidad presencial o las subidas discrecionales suelen premiar roles tradicionalmente masculinizados, aunque el convenio colectivo fije tablas aparentemente neutras.
  • Un protocolo de acoso descargado de internet no protege a nadie. Sin un comité formado, un canal confidencial y campañas de sensibilización reales, el documento es papel mojado ante una denuncia.
  • La igualdad no puede delegarse solo en Recursos Humanos. Sin implicación visible de la Alta Dirección, presupuesto asignado y presencia equilibrada en los órganos de decisión, cualquier plan se queda en declaración de intenciones.

La igualdad como sistema de gestión.

Para que la equidad sea efectiva, debe dejar de ser un concepto abstracto y convertirse en un sistema con procesos definidos, recursos asignados e indicadores medibles. Esto significa que la igualdad no puede vivir en un documento que se actualiza una vez al año: debe estar presente en cada decisión de contratación, en cada revisión salarial y en cada promoción.

En BIPLAZA lo tenemos claro: la igualdad no es un trámite, es parte de nuestro ADN. Recientemente hemos hecho público nuestro Compromiso Explícito en Materia de Igualdad, no porque la ley lo exija, sino porque creemos que el talento debe remunerarse de forma justa independientemente de quién lo aporte.

Sin embargo, sabemos que materializar estos principios puede parecer un desafío burocrático. Muchas empresas tienen la voluntad pero no saben por dónde empezar, o han implementado medidas aisladas que no generan impacto real. La clave está en la integración transversal: intervenir de forma coordinada en todas las áreas donde se toman decisiones que afectan a las personas.

A continuación detallamos las cinco áreas críticas donde la equidad se construye o se destruye, con diagnósticos concretos y acciones que puedes implementar desde mañana.

Cinco áreas críticas para auditar la equidad.

A. Selección y acceso al empleo: blindar la entrada.

El proceso de selección es la puerta de entrada a tu organización, y es precisamente ahí donde muchas empresas empiezan a generar desigualdades sin ser conscientes de ello. El objetivo debe ser garantizar que el talento se evalúa exclusivamente por mérito y capacidad, eliminando cualquier factor que no esté directamente relacionado con el desempeño del puesto.

Dónde suele fallar el proceso

La trampa más común es creer que no se discrimina porque no existe una intención explícita de hacerlo. Sin embargo, los sesgos inconscientes operan de formas sutiles.

Una oferta de empleo que habla de «candidatos dinámicos y competitivos» proyecta una imagen diferente a una que busca «profesionales con capacidad de colaboración y orientación a resultados». El lenguaje importa, y estudios demuestran que ciertos términos atraen desproporcionadamente a candidatos masculinos.

Pero el sesgo no termina en la redacción. Los canales de reclutamiento también influyen: si solo publicas en redes profesionales donde tu sector está masculinizado, obtendrás una muestra masculinizada. Si pides referencias a tu equipo actual y tu equipo es homogéneo, las referencias serán homogéneas. La diversidad no llega sola; hay que ir a buscarla activamente.

Cómo blindar el proceso

El primer paso es auditar tus ofertas de empleo con ojos críticos. Revisa el lenguaje, elimina requisitos que no sean estrictamente necesarios para el puesto y asegúrate de que la descripción refleja las tareas reales, no una lista de deseos. Existen herramientas de análisis de texto que detectan sesgos de género en las ofertas; úsalas.

A continuación, diversifica los canales de captación. Contacta con asociaciones profesionales de mujeres en tu sector, universidades con programas de inserción laboral diversos y plataformas especializadas. Ampliar el embudo de entrada es la única forma de ampliar el resultado.

Durante el proceso de selección, la estandarización es tu mejor aliada. Define de antemano las competencias clave del puesto y diseña una batería de preguntas y pruebas técnicas idénticas para todas las candidaturas.

Esto elimina la subjetividad del entrevistador y permite comparar perfiles de forma objetiva. Considera también implementar el currículum ciego en las primeras fases, ocultando nombre, género, edad y fotografía para que la decisión se base únicamente en la trayectoria profesional.

Por último, no olvides las adaptaciones razonables. Un proceso de selección verdaderamente inclusivo contempla ajustes para personas con discapacidad, desde la accesibilidad física del lugar de las entrevistas hasta formatos alternativos para las pruebas técnicas.

Cómo medir si funciona

El indicador más revelador es comparar el porcentaje de mujeres y hombres que solicitan empleo con el porcentaje que finalmente es contratado. Si la proporción cambia significativamente en algún punto del proceso, tienes un cuello de botella que investigar.

Desglosa los datos por fase: cribado de CVs, primera entrevista, prueba técnica, entrevista final. El punto donde se produce la mayor pérdida de diversidad es el punto donde está el problema.

B. Promoción profesional: claridad frente a la «dedocracia».

Si la selección es la puerta de entrada, la promoción es el ascensor. Y en muchas organizaciones, ese ascensor funciona de forma opaca, generando frustración en quienes no entienden por qué otros suben mientras ellos se estancan.

La opacidad en los ascensos es una de las mayores fuentes de desmotivación y, no casualmente, una de las principales causas de la brecha de género en puestos de responsabilidad.

Dónde suele fallar el proceso

La trampa más extendida es promocionar por criterios que no están escritos en ningún sitio: la disponibilidad para quedarse hasta tarde, la visibilidad en reuniones presenciales, la afinidad personal con quien decide o simplemente «llevar muchos años aquí». Ninguno de estos criterios mide el desempeño real ni el potencial de liderazgo, pero todos ellos perjudican sistemáticamente a quienes tienen responsabilidades de cuidado fuera del trabajo, que estadísticamente siguen siendo mayoritariamente mujeres.

Otro error frecuente es asumir que la formación para puestos directivos llegará sola. Las empresas esperan que sus empleados demuestren capacidades de liderazgo antes de promocionarles, pero no les dan herramientas para desarrollar esas capacidades. El resultado es un círculo vicioso: solo promocionan quienes ya tienen habilidades directivas, que suelen ser quienes ya han tenido oportunidades previas de ejercerlas.

Cómo construir un sistema de promoción justo

El antídoto contra la opacidad es la transparencia radical. Publica internamente los criterios necesarios para acceder a cada nivel superior: qué competencias se exigen, qué resultados hay que demostrar, qué formación es necesaria.

Usa criterios específicos y medibles, no genéricos como «demostrar liderazgo». ¿Qué significa exactamente demostrar liderazgo en tu organización? ¿Haber coordinado un proyecto? ¿Haber formado a compañeros? ¿Haber gestionado una crisis? Concreta.

Una vez definidos los criterios, asegúrate de que todo el mundo tiene acceso a las herramientas para cumplirlos. Esto implica ofrecer formación técnica y de habilidades directivas a toda la plantilla, no solo a quienes ya están en el radar para promocionar.

Los programas de mentoring, las rotaciones entre departamentos y los proyectos transversales son excelentes formas de desarrollar competencias de liderazgo sin esperar a que alguien «demuestre» que las tiene.

Además, vigila activamente los patrones de promoción. Si detectas que en un departamento solo promocionan hombres durante varios años consecutivos, no asumas que es casualidad. Audita el proceso: revisa quién propone candidatos, qué criterios se aplican en la práctica, si hay sesgos en la evaluación del desempeño. Establece medidas correctivas si identificas desequilibrios estructurales, que pueden ir desde formación en sesgos inconscientes para los responsables de equipo hasta cuotas temporales de representación.

Cómo medir si funciona

Analiza el porcentaje de mujeres y hombres en cada nivel jerárquico y su evolución anual. No basta con mirar la foto fija; lo relevante es la tendencia. Si el porcentaje de mujeres en puestos de dirección lleva estancado varios años mientras tu plantilla base está equilibrada, algo falla en el ascensor. Desglosa también por departamentos: a veces el problema no es general sino que está concentrado en áreas específicas.

C. Equidad retributiva: a igual valor, igual retribución.

Este es el núcleo de la estrategia y el área donde más confusiones existen. La equidad retributiva no significa pagar lo mismo a todo el mundo, ni siquiera pagar lo mismo por el mismo puesto. Significa garantizar que trabajos de igual valor reciben igual remuneración, independientemente de quién los desempeñe.

Dónde suele fallar el proceso

La trampa más común es asumir que no hay brecha salarial porque el convenio colectivo fija las tablas y se aplican correctamente. Sin embargo, la brecha rara vez está en el salario base; se esconde en los complementos voluntarios, que las empresas tienen libertad para diseñar y asignar.

  • Piensa en los pluses de disponibilidad, que premian a quienes pueden quedarse fuera de horario.
  • Piensa en los bonus por objetivos, cuyos criterios a veces favorecen roles comerciales tradicionalmente masculinizados sobre roles de soporte igual de críticos.
  • Piensa en las subidas salariales discrecionales, que dependen de la capacidad de negociación individual, estadísticamente menor en mujeres por condicionantes culturales.
  • Cada uno de estos elementos puede ser neutro sobre el papel pero discriminatorio en la práctica.

Otro error frecuente es comparar salarios solo entre puestos con el mismo nombre, ignorando que puestos diferentes pueden tener el mismo valor. Una administrativa que coordina la agenda de toda la dirección y gestiona información confidencial puede estar aportando el mismo valor que un técnico de mantenimiento con responsabilidades sobre equipos críticos, aunque sus funciones no se parezcan en nada. Si la administrativa cobra significativamente menos, puede haber un problema de infravaloración de trabajos feminizados.

 En el caso de las empresas que ya disponen de un Plan de Igualdad, el análisis no termina en el Registro. Deben realizar una Auditoría Retributiva que incluye la VPT y un plan de acción para corregir las desigualdades detectadas.

Cómo garantizar la equidad

La herramienta técnica fundamental es la Valoración de Puestos de Trabajo (VPT). Este sistema permite comparar puestos distintos bajo criterios neutros y objetivos: nivel de responsabilidad, complejidad técnica, esfuerzo físico o mental requerido, condiciones de trabajo y cualificación necesaria.

Con la VPT, cada puesto recibe una puntuación que refleja su valor para la organización, y los salarios deben ser coherentes con esas puntuaciones.

Implementar una VPT rigurosa requiere esfuerzo inicial, pero es la única forma de detectar y corregir infravaloración de trabajos feminizados. Si descubres que puestos con puntuaciones similares tienen retribuciones muy diferentes, y esa diferencia correlaciona con el género predominante en cada puesto, tienes un problema que abordar.

La transparencia salarial es el complemento necesario. Comunica a la plantilla qué factores determinan la parte variable del salario: experiencia, desempeño, responsabilidad adicional, idiomas, certificaciones.

Cuando los criterios son públicos, las decisiones arbitrarias se vuelven más difíciles. No es necesario publicar salarios individuales, pero sí las bandas salariales por categoría y los criterios para moverse dentro de ellas.

Finalmente, establece una auditoría periódica. Revisa anualmente si existen desviaciones no justificadas en los salarios iniciales, las subidas anuales o los complementos voluntarios. Presta especial atención a los momentos de reincorporación tras permisos parentales, donde a veces se producen «olvidos» en las revisiones salariales que generan brecha acumulada.

Cómo medir si funciona

El indicador más preciso es la brecha salarial ajustada, que compara retribuciones controlando por categoría profesional, antigüedad, jornada y otros factores objetivos.

  • La brecha bruta (diferencia simple entre salarios medios) es útil como señal de alerta pero puede reflejar diferencias de composición de plantilla.
  • La brecha ajustada te dice si, a igualdad de condiciones, estás pagando igual.

D. Tolerancia cero: protocolos vivos, no de archivo.

El acoso sexual y el acoso por razón de sexo son riesgos psicosociales graves que toda empresa debe prevenir y gestionar. La normativa exige disponer de un protocolo de actuación específico, pero la mera existencia del documento no garantiza nada si no va acompañada de una cultura real de tolerancia cero.

Dónde suele fallar el proceso

La trampa más habitual es tener un protocolo genérico descargado de internet o copiado de otra empresa, que nadie en la organización conoce y que no ofrece garantías reales de confidencialidad ni protección frente a represalias. Cuando surge un caso real, estos protocolos de cartón revelan sus carencias: no hay nadie formado para instruir la denuncia, no existe un canal seguro para presentarla, la víctima teme las consecuencias de hablar y el proceso se gestiona de forma improvisada.

Otro error frecuente es confundir tolerancia cero con solo sancionar. Las sanciones son necesarias cuando hay conductas acreditadas, pero llegan tarde. La verdadera tolerancia cero empieza por la prevención: crear un entorno donde las conductas inaceptables no se produzcan porque todo el mundo sabe identificarlas y rechazarlas.

Cómo construir un sistema de protección real

  • El primer elemento es designar y formar a un comité específico para gestionar denuncias. Este comité debe incluir personas con formación en igualdad y en gestión de conflictos, y debe operar con total imparcialidad y confidencialidad. No puede estar compuesto solo por miembros de la dirección, ya que el denunciado podría ser precisamente un directivo. La figura de una persona instructora externa es una opción a considerar para garantizar la independencia.
  • El segundo elemento es habilitar un canal de denuncia seguro y accesible. Este canal debe permitir denuncias anónimas si la persona lo desea, debe garantizar que la información solo llegue al comité designado y debe ofrecer protección explícita frente a represalias para la víctima, los testigos y quien presente la denuncia. La Ley 2/2023 de protección de informantes establece requisitos específicos que debes conocer y cumplir.
  • El tercer elemento, y quizás el más importante, es la sensibilización continua. Realiza campañas informativas periódicas sobre qué conductas son inaceptables: no solo el acoso explícito, sino también los comentarios sobre el físico, los chistes sexistas, las insinuaciones y el ambiente hostil. Incluye formación obligatoria para toda la plantilla, con especial énfasis en mandos intermedios que deben saber identificar señales de alerta y actuar como primera línea de respuesta.

Cómo medir si funciona

Paradójicamente, un aumento de consultas al canal puede ser buena señal: significa que la gente confía en él. Lo preocupante es el silencio absoluto en organizaciones grandes, que suele indicar desconfianza o desconocimiento. Mide también el tiempo medio de resolución de casos y realiza seguimiento de las personas que han denunciado para asegurar que no sufren represalias encubiertas.

E. Liderazgo y cultura organizacional.

La equidad real solo se consigue si la Alta Dirección la impulsa de forma visible y sostenida. Ninguna política de igualdad sobrevive sin el compromiso de quienes toman las decisiones estratégicas y asignan los recursos.

Dónde suele fallar el proceso

Suele ocurrir cuando se delega igualdad exclusivamente en el departamento de Recursos Humanos, como si fuera un tema técnico-administrativo más. Sin implicación de la gerencia, sin presupuesto asignado y sin rendición de cuentas, el plan de igualdad solo es un documento que se actualiza cada cuatro años para cumplir el expediente y se archiva hasta la siguiente renovación.

Otro error es separar el discurso de la práctica. Empresas que comunican públicamente su compromiso con la igualdad mientras sus comités de dirección están compuestos exclusivamente por hombres, o que celebran el 8 de marzo con mensajes en redes sociales pero no revisan sus brechas salariales, generan cinismo interno y daño reputacional externo. La coherencia es innegociable.

Cómo construir un liderazgo comprometido

El compromiso debe ser visible, concreto y vinculante. La Alta Dirección debe comunicar públicamente su rechazo a la discriminación, pero sobre todo debe asignar recursos financieros y humanos para ejecutar el plan.

¿Cuánto presupuesto tiene tu plan de igualdad? ¿Quién es responsable de su ejecución y con qué dedicación? ¿Qué consecuencias hay si no se cumplen los objetivos? Si no puedes responder estas preguntas, el compromiso es retórico.

La presencia equilibrada en órganos de decisión no es solo una cuestión de justicia: es una cuestión de inteligencia estratégica. Si tu comité de dirección no refleja la diversidad de tu plantilla ni de tus clientes, estás tomando decisiones con una visión parcial de la realidad. Fomenta activamente la participación de mujeres en puestos de responsabilidad, no esperando a que «lleguen solas» sino creando las condiciones para que lleguen: visibilidad, formación, mentoring, eliminación de barreras.

Finalmente, escucha a tu equipo. Incluye cuestiones específicas sobre percepción de igualdad y discriminación en tus encuestas de clima laboral. Pregunta si las personas sienten que tienen las mismas oportunidades de promoción independientemente de su género, si perciben diferencias de trato, si conocen el protocolo de acoso y confían en él. Los datos de clima te darán información que los indicadores cuantitativos no capturan.

Cómo medir si funciona

El indicador más directo es la composición por género de los comités de dirección y consejos, y su evolución en el tiempo. Pero no te quedes ahí: mide también el presupuesto ejecutado en acciones de igualdad, el porcentaje de objetivos del plan cumplidos y la evolución de los indicadores de clima relacionados con percepción de equidad.

Herramientas para materializar la norma.

Para ayudarte a navegar la normativa, en BIPLAZA hemos desarrollado guías técnicas sobre los aspectos más críticos:

La gestión de la igualdad retributiva no es una carga administrativa: es un diagnóstico de madurez organizacional. Las empresas que miden, auditan y corrigen sus procesos no solo cumplen la ley, sino que construyen culturas donde el talento quiere quedarse.

El punto de partida es sencillo: revisa cómo seleccionas, promocionas y remuneras. Si no puedes justificar las diferencias con datos objetivos, tienes trabajo por delante. La buena noticia es que cada paso hacia la equidad genera retornos tangibles: menor rotación, mejor clima laboral, decisiones más diversas y una reputación que atrae al mejor talento.

¿Necesitas ayuda para aterrizar estas políticas? En BIPLAZA te acompañamos en el cumplimiento normativo y en la integración estratégica de la igualdad. Contacta con nuestro equipo de expertos; podemos acompañarte en este proceso.

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Glosario de términos clave

  • Brecha salarial de género: Diferencia porcentual entre el salario medio de hombres y mujeres. Se distingue entre brecha bruta (diferencia simple) y brecha ajustada (controlando por categoría, antigüedad y otros factores). La brecha bruta no siempre implica discriminación directa, pero alerta de problemas estructurales como la concentración de mujeres en puestos peor valorados.
  • Techo de cristal: Barreras invisibles, culturales o estructurales, que impiden a mujeres cualificadas acceder a puestos de alta dirección. Se manifiesta en la desproporción entre el porcentaje de mujeres en la plantilla total y en los niveles directivos.
  • Suelo pegajoso: Dificultad de las mujeres para salir de puestos precarios o de baja cualificación, el reverso del techo de cristal. Refleja la concentración de mujeres en trabajos con menor proyección profesional y peores condiciones.
  • Valoración de Puestos de Trabajo (VPT): Herramienta técnica que permite comparar puestos distintos bajo criterios neutros de responsabilidad, esfuerzo, condiciones de trabajo y cualificación. Es la base para detectar infravaloración de trabajos feminizados y garantizar el principio de igual retribución por trabajo de igual valor.
  • Acciones positivas: Medidas temporales diseñadas para corregir desigualdades de hecho y acelerar el progreso hacia la igualdad real. Incluyen programas de mentoring para mujeres directivas, cuotas de representación en procesos de selección o formación específica para colectivos infrarrepresentados.
  • Registro Retributivo: Documento obligatorio para todas las empresas que recoge los valores medios de salarios, complementos y percepciones extrasalariales, desagregados por sexo y categoría profesional. Es una herramienta de diagnóstico que permite identificar brechas y justificarlas o corregirlas.
  • Auditoría Retributiva: Diagnóstico de la situación retributiva de la empresa, obligatorio para aquellas con Plan de Igualdad. Requiere una evaluación de los puestos de trabajo (VPT) y el establecimiento de un plan de actuación para la corrección de las desigualdades salariales.
  • Plan de Igualdad: Conjunto ordenado de medidas, adoptadas después de realizar un diagnóstico de situación, tendentes a alcanzar en la empresa la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres y a eliminar la discriminación por razón de sexo. Obligatorio para empresas de más de 50 personas trabajadoras.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre el Registro Retributivo y la Auditoría Retributiva? El Registro Retributivo es obligatorio para todas las empresas y es una ‘fotografía’ de las medias salariales de la plantilla, desagregadas por sexo y categoría. La Auditoría Retributiva, obligatoria solo para empresas con Plan de Igualdad, es un análisis más profundo que exige una Valoración de Puestos de Trabajo para justificar las diferencias salariales y un plan de acción para corregir las brechas que no estén justificadas.»

¿Es obligatorio tener un Plan de Igualdad en mi empresa? El Plan de Igualdad es obligatorio para empresas de más de 50 trabajadores, y debe estar registrado en el REGCON. Sin embargo, otras medidas tienen un alcance más amplio: el Protocolo de Acoso y el Registro Retributivo son obligatorios para todas las empresas desde el primer empleado, sin excepción de tamaño ni sector.

¿Cómo sé si tengo brecha salarial aunque aplique correctamente el convenio colectivo? La brecha suele esconderse en los elementos que el convenio no regula: complementos voluntarios, bonus por objetivos, pluses de disponibilidad y subidas discrecionales. Para detectarla, analiza la retribución total (no solo el salario base) desglosada por género y categoría profesional. Si encuentras diferencias que no puedes justificar con criterios objetivos documentados como antigüedad, desempeño acreditado o responsabilidad adicional, tienes brecha que corregir.

¿Qué consecuencias reales tiene no actuar si detecto una brecha salarial? Las consecuencias son tanto legales como organizacionales. La Inspección de Trabajo puede imponer sanciones de hasta 187.515€ en casos de discriminación grave, además de obligar a abonar las diferencias salariales con efectos retroactivos. Pero más allá de la multa, una brecha no corregida genera rotación de talento femenino, desmotivación generalizada, riesgo de demandas individuales y daño reputacional difícil de cuantificar en un mercado donde los criterios ASG son cada vez más relevantes para clientes e inversores.

¿Por qué debería preocuparme la presencia de mujeres en la dirección si mi plantilla es mayoritariamente masculina? Por dos razones complementarias. Primero, la diversidad en la cúpula mejora la calidad de las decisiones porque incorpora perspectivas diferentes y reduce el pensamiento grupal. Segundo, si tu plantilla es muy masculina, probablemente el problema empiece antes: en cómo redactas las ofertas, qué canales usas para reclutar, qué imagen proyectas como empleador. Un comité de dirección diverso no es el final del camino, es una señal de que el camino está bien orientado.


IMAGEN Alexander Lyashkov para Unsplash

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